jueves, 16 de noviembre de 2017

Cántico roto

Luces fuera
y en las distancias cortas
bailes nostálgicos que de madrugada
saben a lluvia.

Al empaparse el cuerpo,
la memoria gana
y echa sal a las llagas abiertas
que nunca descansan.

Están en cada sol que se vislumbra
aunque no llegue la mañana;
están en cada respiración
acosando la garganta,
dándole al tiempo la razón.

Y aquí, hincada de rodillas,
todavía le rezo al altar de niebla
                  con tan poca fe
                                 que la oración 
 se convierte en blasfemia. 

martes, 14 de noviembre de 2017

Y otro amanecer

He recogido muchos años
en cada bolsillo de mi vida,
y todavía no he aprendido
 a vivir
sin que se me caiga alguno
por el ojal d la tristeza.

Ahora me atan 
recuerdos de musgo y agua,
tormenta de sueños rotos
que se agitan en el aire
cuando imagino tu voz.

Y otra vez se me ha descosido el alma.
Y otro amanecer que grita no.


jueves, 9 de noviembre de 2017

El mar desde San Pedro

He dormido
sin demasiada paz
y ahogando los sueños en agua de recuerdo.
Las esquinas
se han desdibujado
y ahora es todo una línea recta que no tiene que escondernos.
A raíz de los silencios
he aprendido a tener sueños planos
que no atienden a deseos;
y sólo soy
un pedazo más de muerte al viento
que no encuentra el regreso.

La vida nunca ha sabido lo que siento
y en mi fondo,
todavía soy capaz de imaginar
el mar desde San Pedro.



domingo, 5 de noviembre de 2017

Lo que mata es tu voz cuando calla

Lo que mata es tu voz cuando calla.
La azotea poblada de canciones acabadas,
luces arruinadas tras las cortinas veladas
sin tiempo para brillar de nuevo.
(Nosotros se lo robamos, es cierto,
cuando acordonamos sin reservas la esperanza).

Ahora escucha pasearse los silencios,
altivos, oscuros, puño en alto.
Silencios coronados por la pena
de haber cortado lenguas
para que dejaran de sangrar palabras.
Ahora calla el corazón en un silencio débil y templado
por la nocturnidad vacía de este cuarto;
y un sigilo plano, arma en mano,
enturbia una razón que siempre estuvo callada.

Hoy es ese silencio largo
que acomoda los miedos en lo alto
para que no griten versos ni nostalgias.
Y enmudece la oscura madrugada
en un silencio vaporoso y funerario
rodeando los cuerpos que se escarchan
envueltos en trágicos sudarios.
Tremenda lasitud en las gargantas
que no pueden hablar, que silencian las almas y las dejan
atoradas en un círculo perverso de silencios;
vendidas a unos días que se van sin decir nada.

Ha llegado la hora de las vidas selladas;
de esa muerte en la boca que calla y enaltece
la trémula imposición disimulada
de no decir,
nunca más
nada.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Violetas

    Quizás hay campanillas azules golpeando el cristal mientras la lucidez se balancea tendida fuera a secar. El charco que me empapa el alma empieza dentro y en los hombros, un peso cansado de arrastrarse me cierra los labios y me enturbia los ojos.

    Quizás las flores han olido una tristeza extraña y han querido abrir la puerta para acariciar mis párpados antes que se me haya escondido la voz. Quizás todo se reduce a un no y no tiene sentido darle vueltas. Pero hay cierta emoción contenida que se mantiene en la punta de los dedos sin atreverse a lanzar el grito definitivo que ni yo misma quiero escuchar. Y al respirar, el aire en mis pulmones me sabe a vendaval y a fuego esquivo.

     Leo en mi piel sueños dispersos que luchan con la opción que siempre elijo de sellos en la boca y candados en el pecho pero insisto, y guardo en los puños las promesas que jamás escribo. Y al caer la noche, cuando bajo todas las defensas, me abro la piel y salen violetas.

sábado, 28 de octubre de 2017

Éramos cenizas

Roto.
El amanecer al lado del mar
roto.
Como nuestras manos.
No hubo adiós,
sólo un silencio
cubriendo con un velo los recuerdos,
los ojos,
las imágenes dibujadas
a deshora
siempre sin colores,
porque estamos hechos,
los dos,
en blanco y negro.

Y si nos quemamos,
no olvidemos nunca
que ya éramos cenizas
y nacimos condenados
con un pedazo de alma
hundida en cualquier cementerio.

miércoles, 25 de octubre de 2017

En crujidos

Desde que tú te has ido
no nacen margaritas en las piedras
y tirita la ilusión apuñalada en ambos ojos.
Tengo en las venas todavía
los restos del atardecer
que nos llenó los dedos de besos,
y aunque sea poco, 
llevo demasiado tiempo
detenida en un espacio baldío
donde las luces se quiebran
al son de mi voz rota
que grita tu nombre
y lo deshoja.

Ahora es un dolor tan preciso
que rompe los papeles
y afianza una eternidad miserable,
mientras rasga un corazón
cansado de latir consigo mismo.
El frío anega la nada que me queda
y la luz me clava sus uñas en la frente.
Me deshago temblando entre preguntas
¿Llorará también el sol ausente?

-la Z se esconde y no responde;
la A oculta el rostro incomprendido-

Como si no tuviera piel,
siento todavía el sueño arder en carne viva,
y me arrastro por dentro llevando conmigo
lágrimas y flores aturdidas
que en su momento hicimos arder.

Cómo deshacerme de la estupidez
que ancla en mis dedos tantos versos ahogadizos.
Sin quererlo querer,
estoy deshaciéndome en llorosos crujidos.