viernes, 15 de septiembre de 2017

Pero no en paz

En la parada poética
se arremolinan las palabras;
penden de tiempos y anhelos
como sueños imperfectos.
Pero nos descubrimos tarde,
cuando las máscaras ya estaban secas
y no se podían remover.
Qué ingratitud la vida,
celestes reflejos en el aire
simulando un mar bravío que,
sin embargo,
ahora nos anestesia.

Y callo.
Y callas.
Y no hay disparos más certeros
que los silencios amaestrados
con el látigo de la conciencia.

Quedamos en reposo
sin descansar siquiera un momento
de la memoria maquinal,
y nos pintamos los ojos de frío
para no recordarnos demasiado.

No nos sobran las palabras,
pero nos atienden demasiado bien
cuando aparecen
en el acierto roto que logramos al fallar.

La magnánima pena 
es que ahora duermen.

Pero no en paz. 


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