jueves, 8 de junio de 2017

A veces...

La fragilidad también puede romperse.
Y entonces no queda nada útil ni digno en el espejo,
ni delante de nosotros,
ni siquiera dentro.
Las fuerzas son las que son,
y no podemos dibujar corazas de cristal
para cubrirnos las espaldas.
Pues también acaban por romperse,
y caen encima nuestro los pedazos,
y encima se nos clavan.

Son heridas que nunca sangran, no,
pero a veces los ojos rojos las delatan,
y un tiempo amargo se cuela entre las risas.

Quizás deberían servir los recuerdos
para calmar el escozor,
pero es complicado 
cuando están cubiertos de niebla
y se aparecen demasiado borrosos.

No importa. 
A veces la tristeza necesita un lugar donde ir;
y a veces ese lugar es dentro de nosotros.


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