A veces...


La fragilidad también puede romperse.
Y entonces no queda nada útil ni digno en el espejo,
ni delante de nosotros,
ni siquiera dentro.
Las fuerzas son las que son,
y no podemos dibujar corazas de cristal
para cubrirnos las espaldas.
Pues también acaban por romperse,
y caen encima nuestro los pedazos,
y encima se nos clavan.

Son heridas que nunca sangran, no,
pero a veces los ojos rojos las delatan,
y un tiempo amargo se cuela entre las risas.

Quizás deberían servir los recuerdos
para calmar el escozor,
pero es complicado 
cuando están cubiertos de niebla
y se aparecen demasiado borrosos.

No importa. 
A veces la tristeza necesita un lugar donde ir;
y a veces ese lugar es dentro de nosotros.

Comentarios

  1. Cuando la mente está fuera de sí y el cuerpo no tiene a dónde e ir, el alma es frágil como esta hoja. La puedes arrugar e incluso romper. La oscuridad llega con las primeras luces del día. De bruces contra el suelo nos damos cuenta de que aún tenemos pies para andar y que los pétalos de las flores son símbolos de infinito entrelazados.
    Otro abrazo.

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