miércoles, 5 de abril de 2017

Esperanza plana

He recuperado una tristeza
que parecía perdida.
En los albores de un día lluvioso
encontré tras la puerta una imagen desconocida,
tan irreal como tangible,
tan suprema,
que me rompió la lengua
para que no pudiera gritar su nombre.
Con las manos negras, avancé
hasta bien entrado el día,
y qué despropósito pretender
que la nostalgia fuera serena.
Si los puñales caen de mis propios ojos,
de mis palabras puestas en remojo,
ungidas en algunos desesperos
y sonrisas fatuas que se muestran
a una verdad falta de criterio.
La desvergüenza del silencio
acongoja los intentos
de ser algo más que esa tristeza 
desubicada, desmantelada
entre páginas que me descubren
lo que verdaderamente soy.
La sonrisa se maquilla ante el espejo
y al asomar el alma a la ventana,
lo que te encuentras es una hermosa nada
que baila en un palacio de cartón.
Qué ácidos los desgarros en la piel,
la garganta no sabe gritar más que los ecos
que repiten la misma letanía repleta de reproches
desde hace demasiado tiempo.
En el fondo, me alegra no ser piedra.
Me alegra poder discernir
entre el dolor y la pena
ante la certidumbre de una vida enferma
que se acicala ante tantos miedos
que aún están por salir.

Voy a seguir llorando palabras
en la línea infinita del atardecer,
sobre un yunque disfrazado de papel mojado.
El hierro candente todavía espera ser clavado
en la esperanza plana de un tal vez.


No hay comentarios:

Publicar un comentario