lunes, 4 de diciembre de 2017

Ensueño

Aunque crecía la nada
inmensa, resbaladiza, fría,
seguían cayendo invisibles
miles de palabras desde el cielo.
Su estela quedaba tatuada en mis párpados
como una caricia extenuada de tanta espera,
pero cálida y suave.
Con la sonrisa vestida de amargura
-sonrisa al fin y al cabo-
bordaba ilusiones en las nubes con el hilo rojo
que de algún modo, sin haberlo pedido,
nos sujetaba el uno al otro.
Alguna madrugaba de lluvia
un rayo de luna sonreía
tras una lágrima mínima,
tan mínima,
que jamás se entregaba al llanto.

Pero llegó de nuevo una estrella
deslizándose casi sin querer
y colándose por una grieta.
-Malditas benditas grietas…-

Cuánta extrañeza viva redescubrimos
latiendo de emoción en nuestras manos.

En relidad,
debo confesar
que nunca hubo versos huérfanos del todo.

Lo recuerdas?
No sé...
quizás aún somos capaces de bailar un sueño.
O que el sueño nos baile a nosotros.



(Imagen: Te veré en mis sueños. Daniel Santo) 


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