jueves, 2 de noviembre de 2017

Violetas

    Quizás hay campanillas azules golpeando el cristal mientras la lucidez se balancea tendida fuera a secar. El charco que me empapa el alma empieza dentro y en los hombros, un peso cansado de arrastrarse me cierra los labios y me enturbia los ojos.

    Quizás las flores han olido una tristeza extraña y han querido abrir la puerta para acariciar mis párpados antes que se me haya escondido la voz. Quizás todo se reduce a un no y no tiene sentido darle vueltas. Pero hay cierta emoción contenida que se mantiene en la punta de los dedos sin atreverse a lanzar el grito definitivo que ni yo misma quiero escuchar. Y al respirar, el aire en mis pulmones me sabe a vendaval y a fuego esquivo.

     Leo en mi piel sueños dispersos que luchan con la opción que siempre elijo de sellos en la boca y candados en el pecho pero insisto, y guardo en los puños las promesas que jamás escribo. Y al caer la noche, cuando bajo todas las defensas, me abro la piel y salen violetas.

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