domingo, 5 de noviembre de 2017

Lo que mata es tu voz cuando calla

Lo que mata es tu voz cuando calla.
La azotea poblada de canciones acabadas,
luces arruinadas tras las cortinas veladas
sin tiempo para brillar de nuevo.
(Nosotros se lo robamos, es cierto,
cuando acordonamos sin reservas la esperanza).

Ahora escucha pasearse los silencios,
altivos, oscuros, puño en alto.
Silencios coronados por la pena
de haber cortado lenguas
para que dejaran de sangrar palabras.
Ahora calla el corazón en un silencio débil y templado
por la nocturnidad vacía de este cuarto;
y un sigilo plano, arma en mano,
enturbia una razón que siempre estuvo callada.

Hoy es ese silencio largo
que acomoda los miedos en lo alto
para que no griten versos ni nostalgias.
Y enmudece la oscura madrugada
en un silencio vaporoso y funerario
rodeando los cuerpos que se escarchan
envueltos en trágicos sudarios.
Tremenda lasitud en las gargantas
que no pueden hablar, que silencian las almas y las dejan
atoradas en un círculo perverso de silencios;
vendidas a unos días que se van sin decir nada.

Ha llegado la hora de las vidas selladas;
de esa muerte en la boca que calla y enaltece
la trémula imposición disimulada
de no decir,
nunca más
nada.


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