lunes, 13 de marzo de 2017

Y ya no estamos

He ido a tu casa y ya no estamos. 
He encontrado un humo gris
en nuestro lugar
que me ha llenado los pulmones.

Y me ahogo.

Al otro lado, 
mi casa se tambalea;
bajo unas densas gotas
se sostiene a duras penas
porque quiere seguir recordando.
Pero el camino...
el camino ya no lleva a ningún lado.

Me doy cuenta que a los dos
nos arden los ojos
porque por mucho que los abrimos
no vemos nada
de lo que querríamos ver.
-quizás porque ya no los abrimos por dentro-.
Pero no tenemos ya donde curarnos;
no tengo donde ir para que reparen
este pinchazo en el alma,
y tú no puedes cobijarte bajo un tejado
plagado de agujeros que dejan pasar el agua.

Siento que no puedo continuar caminando.
Siento que no quiero salir si no es para buscarte.
Y otra vez la cerca que me rodea y me encierra
en el (des)equilibrio mundano que tanto me pesa.

Querer...
querer ahora me parece demasiado vano.
Y se me antoja muy ligero este último abrazo
como para acunarme, cuando mi paz
se ha quedado encerrada en tus dos manos.

No te voy a mentir; estoy llorando.
Justo ahora, en este instante.
Pero nos vamos; tú hacia tu azotea,
yo hacia mi sótano apuntalado.
Y qué más da, me dicen tus ojos blandos,
hace tiempo que me lo dejaste claro.
Y no puedo evitar pensar
que quizás también me lo digas llorando.


No hay comentarios:

Publicar un comentario