sábado, 30 de abril de 2016

Quizás

Se me ha desparramado el olvido
sobre las baldosas.
Como un jarro de agua fría
que casi llega a tocarme la punta de los pies.
No puedo saltarlo;
caería resbalando sobre mí misma.
Tampoco puedo pasar de largo,
porque como dijo el poeta,
el olvido está lleno de memoria,
y sólo lograria vaciarme
y dejar detrás de mí
lo que me configura de algún modo.
Se me ha caído la voz de entre las manos
en un suspiro tácito.
Pensé que quedaria
en mis dedos,
ayunando besos,
pero decidió caer,
sin licencias a mi dialéctica absurda
que acosa las noches
de luna llena.
Amenazas de una vida demasiado larga
que se acostumbró más de lo debido
a trasnochar.
Con el olvido desparramado
sobre las baldosas, 
qué puedo esperar,
si la luna hace ya tiempo que se va partiendo.
Es la broma pesada
de aquel sentimiento que tapé
con una manta de cuadros.
Lo único que logré
fue que no se enfriara.
Quizás lo pueda recoger
con un trozo de papel.
Quizás pueda hundirlo en agua.
       

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